domingo, 26 de mayo de 2013

                                       Esta semana es especial

La Iglesia nos hizo celebrar la fiesta de la Santísima Trinidad y nos hizo rezar para que podamos salir de nuestra comodidad y costumbre, y para que podamos llegar a los demás hermanos con el mensaje del Evangelio de Jesús.

No es fácil, son siglos de mirar al revés, huir del mundo y encerrarse entre los que creen, los que rezan, los que son fieles. Una Iglesia que miraba al mundo con temor, condena y sobre todo prejuicios. Así no se podía salir con amor, a anunciar a los hermanos que Dios es nuestro Padre, el Padre de todos, y que por eso todos somos hermanos.

El Papa Francisco es comprendido por todo el pueblo simple que estaba esperando que le hablaran del Evangelio sin palabras difíciles o discursos incomprensibles.  Nuestro pueblo no necesita tanta liturgia para iniciados, ni  tantos adornos que parecen disfraces. Necesita ver que los católicos andemos por las calles, subamos a los colectivos y nos encontremos con la gente en los negocios y las oficinas públicas.

Estoy esperando que la ola que creó Francisco llegue también a nosotros, que el efecto dominó permita recibir también entre nosotros ese aire fresco que tanto necesitamos para sacarnos el olor a museo.  No es verdad que solo se trata de gestos y de manera de ser del nuevo Papa, no, es el mensaje de Jesús en las bienaventuranzas, que no admite componendas, pobre significa pobre, simple significa cercano, comprensible, creíble.

Esta semana es especial porque tengo que viajar por Vida Ascendente,  que es un movimiento laico de adultos mayores, que está presente en muchos países de América Latina. Este encuentro nos reúne en Haití, que es el lugar  más pobre y necesitado, lo que no suena a destino placentero,  donde solo puede movernos el amor a los hermanos más necesitados. El Papa Francisco habla de las periferias, de los más alejados, de los más ignorados.  

Salir a los hermanos, dejar la cáscara y aventurarnos en el mundo, donde Jesús nos pide ser sal, ser fermento y ser luz.  Es difícil, no es lo mismo que subir al coche y llegar a donde vamos siempre, a donde están los que hablan igual que nosotros, los que entienden nuestro lenguaje y nos conocen.  Son los demás hermanos los que nos están esperando.

Dios nos bendiga en lo que podamos hacer impulsados por su Espíritu.

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