Corpus Christi olvidado
Estamos en la fiesta del Corpus, que supo reunir a toda la Iglesia en todas sus instituciones y con todos sus miembros, fiesta de exteriorizar la fe y de honrar al Santísimo Sacramento como una manera de hacer flamear ante toda la sociedad lo que era nuestra fe. La fiesta de Corpus mostraba toda la Iglesia en las calles y todos los altares que se le construían para recibir al Santísimo, y toda la solemnidad que se podía reunir. En algunas partes, como la ciudad de Buenos Aires, el intendente encabezaba la procesión y lo seguían todas las instituciones con sus estandartes, y al final llegaba el Santísimo bajo palio (toldo). Eran procesiones enormes en todas partes y los pueblos repetían en su nivel lo de las grandes ciudades. En una procesión de Corpus se inició la persecución del 55 y la quema de las iglesias en Buenos Aires.
Ahora todo eso no existe más, nos quedó la celebración de la Misa el día de Corpus y en algunas partes una procesión sin mayor trascendencia. No lo se explicar, no se trata este tema, se prefiere el silencio de la evidencia.
Pero la Iglesia nos pide otra cosa, no solo exteriorizar nuestra fe sino salir a la calle y anunciar el Evangelio a todos los hermanos. La Misión, que es lo que define a la Iglesia. Todo lo contrario del silencio y de recluirse en un templo. Se nos pide salir a anunciar a todos los hermanos, comenzando por los de las periferias, por los que desconocen todo, por los que no tienen ocasión de encontrarse con el mensaje cristiano.
¡Qué buena ocasión hubiera sido esta fiesta de Corpus! Salir como nunca, mucho más allá de las plazas, mucho más que con procesiones, a celebrar la Eucaristía a los que nunca la tienen, a los que no les llega, a los que no tienen un lugar de oración en su barrio (aunque hay muchos locales evangélicos). Estamos así. Por un lado recibimos el mensaje del Papa Francisco, claro como el Evangelio, y por el otro, el Corpus Christi olvidado.
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