martes, 20 de mayo de 2014


                                Comunicarnos es importante.

Tenemos muchas maneras de intercambiar lo que Dios nos permite vivir, siempre nos enriquece sumar lo que los demás están viviendo, lo que nos envían o lo que nos llega de sus actividades.  La Iglesia es una familia tan numerosa que siempre hay noticias de unos y otros.  

En la parroquia también nos comunicamos de diferentes maneras, tanto hacia adentro en las celebraciones de los sacramentos, como hacia afuera en todas las actividades que se difunden entre la gente de los barrios, semanalmente en el diario y en la radio.  Somos un espectáculo, decía el apóstol Pablo, y tenía razón, todo lo que hacemos o decimos se termina difundiendo.

En todos los niveles de la Iglesia hay comunicación, sobre todo en el nivel del Papa Francisco, donde nada impide -al contrario- conocer todo lo que hace y todo lo que dice, día a día, en encuentros privados y en medio de multitudes. Todo se hace público, nada es escondido, nada se censura. Nos da el ejemplo.

Esto nos hace mucho bien, lo que se obra en la luz no necesita secretos, todo debe ser transparente entre los cristianos, de lo contrario algo andaría mal si fuera necesario esconderlo.  Hay algunas maneras de restringir las noticias, las comunicaciones, esto en el mundo se hace para resolver entre unos pocos, para que no se escuchen opiniones diferentes.  Solo se escucha lo que es caricia para los oídos del que decide. 

Hoy tenemos muchas formas de transmitir comunicación, algunas formas son muy limitadas, solo para algunas personas seleccionadas, para los que conocen las coordenadas.  Gracias a Dios hay otras formas de llegar a todo el país con las informaciones, no se puede tapar el sol con la mano.

Estamos viviendo un momento muy importante de la Iglesia, un momento histórico, parecido al tiempo del Concilio Vaticano II donde todo se transmitía, todo se comunicaba, sin miedos a los medios.  Hoy también tenemos que entender que el uso de los medios no es para intercambiar información hacia adentro de nuestras comunidades, sino hacia las periferias, lo que escuchan todos, lo que leen todos, y hablar en el idioma que todos hablan.

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