Los ecos de la beatificación de Brochero.
Semana de alegría grande y de emoción para los que participaron en Córdoba y también, en muy buena medida, para los que lo seguimos por televisión. Fue fiesta de Iglesia en nuestro país, y todo lo que se vivió fue lo esperado desde hace mucho tiempo. Tenía que ser justo ahora, cuando toda la Iglesia vive un momento diferente, y en nuestro país de manera muy especial
Mucho se habló de la historia y de las obras de Brochero, ese es el estilo de los periodistas que necesitan llenar hojas con datos y referencias. Pero lo que la Iglesia beatifica, lo que nos pone de modelo de vida, es el espíritu que vivió Brochero y que lo llevó a plasmarlo en obras que perduran. Tenía de ese fuego del Evangelio que se trasmite y termina encendiendo todo.
Esto es lo que se pidió en la beatificación, y lo pidió todo el pueblo de Dios, que nuestra Iglesia argentina viva ese espíritu en cada uno de los bautizados, que podamos mostrar que aprendimos la enseñanza de Brochero y que la vamos a continuar. Salir hasta lo más alejados, aunque sea con dificultades, y con medios muy pobres, y quizás muy solos, pero encenderlo todo.
Que se nos vea sin mentalidad de príncipes, dialogando todo sin secretos, sin tantos preparativos para acercarnos, que seamos los que visitan siempre a sus hermanos, los que terminan conociendo a todos, los que usan cualquier escusa para llegarse y cualquier ocasión para prestar un servicio.
Esta semana de nuevo tendremos reunión mensual de Consejo Pastoral en la parroquia, tendremos que hacer aterrizar estas enseñanzas de Brochero y de a poco, ir dando forma a esa nueva Iglesia, misionera, abierta, para afuera.
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