martes, 15 de octubre de 2013
BAUTISMOS DE CHICOS GRANDES
Como cada año en el feriado del 12 de octubre, tuvimos los bautismos de los chicos de catecismo que no estaban bautizados. Es una alegría grande poder celebrar el bautismo de manera tan diferente a lo que hacemos siempre con los bebés.
Esto es un volver a vivir los siglos de Iglesia donde el bautismo era algo preparado personalmente, aprendían el Evangelio de Jesús y aprendían a vivir como cristianos, por eso podían pedir libremente ser bautizados, y podían asumir sus exigencias: empezar una vida nueva.
Estos chicos no son adultos totales, no podemos verlos como a aquellos cristianos de la Iglesia antigua, pero tampoco son bebés y en el catecismo ya tienen suficientes elementos para conocer a Jesús y para conocer cómo se vive nuestra fe. Ya son grandes como para ser solo "presentados" por sus familiares, fueron recibidos fuera del templo y manifestaron el deseo de ser bautizados. Fueron recibidos por los demás compañeros ya bautizados y por los fieles reunidos. Ellos rezaron su fe, en esa fe fueron bautizados.
Cada año se repite este momento y nos llena de alegría verlos llegar al bautismo. También nos deja pensando en cuántos, cada vez más, son los que no recibieron "ni el bautismo". Y pensamos en la Iglesia como casa de todos, no como un lugar muy especial donde cabe un grupito selecto de personas.
El Papa Francisco también llama a atribuir un papel más incisivo al laicado. Desde lo clerical tenemos una visión que abarca solo lo que es costumbre hacer y decir, eso es suficiente para sentirnos ocupado. Cuánto hay para hacer de los bautismos lo que pedían los documentos del episcopado: recibir con alegría y facilitar el bautismo a las familias. No lo supimos hacer.
Desde el laicado todo puede ser diferente porque están en la masa y conocen las dificultades de la gente, "la carne de Cristo". Es en ese laicado donde está puesta la esperanza de una Iglesia más coherente con el Evangelio. Una Iglesia pobre para los pobres será posible cuando superemos el clericalismo que produce en los laicos falta de adultez y de cristiana libertad.
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