Señor, que nos colmas de bendiciones,
ayúdanos a dejar todo lo que no puede más que
envejecer, para entrar en lo que es nuevo
y preparar así tu Reino.
Jesús resucitado, nos llama a la mesa y nos envía al mundo.
Fue la tercera vez que se apareció a los discípulos, de nuevo en Galilea, la pesca milagrosa y la comida junto al lago, pescado y pan, como aquella vez que alimentó a una multitud.
¡Qué bien nos hace recordar el comienzo de la misión de los discípulos! Porque a nosotros nos corresponde seguirla, intimidad con el Señor y salir al mundo.
Ese mundo muchas veces aturdido con urgencias, confundido o secularizado, que necesita el anuncio de una buena noticia que sea coherente, comprensible, que llegue a todos.
Proclamar con nuestra vida, con el ejemplo, que Cristo ha resucitado, que nos reúne y nos envía. Tiempo de Pascua que se extiende a toda la vida.