sábado, 3 de mayo de 2014

La Semana de la Virgen de Luján.

Comienza la semana de las Fiestas Patronales, con todo el deseo de honrar a nuestra Madre del Cielo con el nombre de Nuestra Señora de Luján, como lo sabe hacer nuestro pueblo, con fe sencilla, sin equivocarse nunca, confiando en su protección y conscientes que nos acompaña siempre.

Pero son las fiestas de la Parroquia.
La parroquia es experiencia concreta del encuentro personal con Jesús y de vida en comunidad.  En este momento histórico que vive la Iglesia del Papa Francisco, la parroquia sabe que se renueva o desaparece. La renovación es trasformarse en misionera, en mirar hacia los de afuera, en hace calle en lugar de estar conectada todo el día esperando llamados. 

La parroquia a de repensar profundamente y relanzar con audacia la misión, en las nuevas circunstancias.  Agradeciendo a Dios la religiosidad de nuestro pueblo, con clara opción por los pobres, contemplando sus rostros sufrientes.

Parroquias células vivientes y lugar privilegiado en la que la mayoría de los fieles tienen la experiencia concreta de encontrar a Jesús. con la condición de que sean espacios renovados de iniciación cristiana, de educación en la fe, abierta a los carismas de los diferentes movimientos de laicos, con la diversidad cultural de los habitantes, abierta a proyectos pastorales donde sopla el Espíritu.

Párrocos como ardorosos misioneros, no ocupados en la administración. Y parroquia transformada en misionera y con fuerte compromiso social por los más pobres. Aparecida pedía abandonar las estructuras caducas que ya no sirven para la trasmisión de la fe. ¿Nos animamos a enumerarlas?

La Fiesta Patronal nos da ocasión de pedir a Dios por medio de María de Luján que seamos una parroquia pobre y orante, misionera y preocupada por los pobres. 

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