sábado, 26 de abril de 2014

El momento histórico que vive la Iglesia.

En medio de la alegría pascual y después de todas las celebraciones que pudimos vivir con nuestra parroquia en la Pascua, llegamos al domingo de la misericordia, con otra fiesta del cielo, la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II.  Son tiempos de Dios los que estamos atravesando, Dios nos sorprende y nosotros nos dejamos sorprender. Qué bueno poder vivir esta experiencia que nos muestra que para Dios todo es posible, todo llega.


Nosotros estamos acostumbrados a vivir rodeados de las mezquindades de los hombres, de su continua preocupación por dominar las circunstancias, de sus esfuerzos por imponerse y por lograr metas mundanas.  También nosotros nos podemos contagiar de esa mirada mundana, y lamentarnos porque todo lo imponen, todo lo deciden, todo es conducido por los que se consideran con poder.  

Pero cuando vemos, como en estos momentos,  que Dios tiene otra mirada, otros tiempos, y que todo lo conduce en su historia de salvación, entonces nos llega esa alegría que prometía Jesús, y "que nadie les podrá quitar". Ese es el momento que vivimos hoy.  

Juan XXIII, el del Concilio Vaticano II, los dos fueron tanto tiempo postergados y lejanos. Con el Papa Francisco el Concilio dejó de ser una referencia retórica, usado para llenar homilías.  Volvió a ser la fuente para la Iglesia que tendremos que vivir en adelante.  Y Juan XXIII dejó de ser solo el Papa bueno y simpático, ahora es ejemplo propuesto a la Iglesia universal, santo.  

Cuántas cosas nos mostrará aún el Señor, dejemos que lleguen, realmente es el Espíritu el que conduce la Iglesia, a pesar de nuestra mirada corta o de nuestros esfuerzos por pretender decirle lo que tiene que hacer.  Juan XXIII significa el Concilio, retomar el cauce, la sonrisa, volver a mirar al mundo sin condenas, tratar a todos con misericordia.  ¡Gracias Señor por este día!

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